EIVLYS: Aprendiz a intérprete de sueños

EN CUANTO A PUERTAS ABIERTAS/REFLEXIÓN

EN CUANTO A

PUERTAS ABIERTAS”...


Estoy terminando por segunda vez la lectura del libro “La Enfermedad como Camino” de Thorwald Delthlefsen y Rüdiger Dahlke y me aportó muchísimo más ahora que hace años. Estoy segura que optaré en el futuro por volver a leerlo y sacar más provecho aún.


No recordaba en absoluto que es un libro profundamente metafísico, todo lo que exponen en cuanto al proceso de la enfermedad, que en realidad es un aliado para la salud, lo explican desde el punto de vista de la metafísica, sobre todo desde la ley de la polaridad y la ley del ritmo. No expondré nada sobre este asunto hoy. Aunque trabajo con estas leyes, soy todavía muy inexperta para poderlas explicar con maestría.


Al final del capítulo dedicado al Cáncer, me llamó la atención un pequeño cuento que los autores regalaron, un cuento de un místico islámico: “Rumi”.


Un hombre llamó a la puerta de la amada. Una voz preguntó: “¿Quién es?” “Soy Yo”, respondió él. Y la voz dijo: “Aquí no hay sitio suficiente para mí y para ti.” Y la puerta siguió cerrada. Al cabo de un año de soledad y añoranza, el hombre volvió a llamar a la puerta. Una voz preguntó desde dentro: “¿Quién es?” “Eres tú”, respondió el hombre. Y la puerta se abrió.”


Mis puertas oníricas, la puerta blanca, la puerta en Nueva York... que me gritaba, como la de la cueva de Ali Baba y los 40 ladrones: “¡Ábreme, ábreme, ábreme...!” sigue estando cerrada... siento que estoy en el umbral, pero algo falta aún. Sin embargo sospecho que este pequeño cuento encierra el secreto.


Todos SOMOSUNO. No hay barreras, no hay límite en realidad entre el Tú y el Yo. Pero mientras yo quiera entrar en la casa de mi amado y me presento como YO y en realidad quisiera algo de ti para paliar mi soledad, actuaré siempre desde mi YO, separado del tuyo, separada de TÚ. Y ésto es lo que debió entender el Yo del cuento durante su retiro en soledad.


Todos cuando estamos enamorados, cuando estamos interesados, tocamos a las puertas ajenas: novios, maridos, esposas, hijos, padres, amigos... porque queremos algo y somos capaces de proezas para demostrar al otro que le queremos, pero pocas veces amamos de verdad, hasta el punto de dejar al otro SER, lo que nosotros en realidad no quisiésemos que fuese. Un año de soledad profunda es poco tiempo para reflexionar sobre uno mismo y aprender a amarse se verdad, permitirse de verdad SER, SER LIBRE.


Cuando al fin uno se permite SER, cuando al fin uno elije la LIBERTAD DE SER lo que sea, lo que guste o no guste, cuando al fin se es LIBRE, entonces, sólo entonces somos capaces de vernos reflejados en el otro y entender su también necesidad de SER. Al entender y permitir esta necesidad se ES el otro.


YO SOY TU y TÚ ERES YO. En definitiva, jamás hubo barreras, sólo las creamos nosotros al olvidar que TODOS ÉRAMOS,SOMOS Y SEREMOS UNO.


Toda mi vida he perseguido ésta unidad con el otro, queriendo acaparar, llamando la atención , exigiendo atención... energía, vendiéndome en el supuesto nombre del amor, siendo abnegada como me enseñaron, tapándome la ira, el enojo cuando las cosas en realidad no marchaban como realmente deseaba. Pero cuando uno, a la fuerza, aprende a ser, entiende que no hay otro camino que el dejar al otro SER y así se reconocen y el TU deviene el YO, el YO se transforma en el TU.


Y al fin la puerta se abre, pero ¿acaso es necesaria la puerta?


Tengo muchos sueños en los que me encuentro entre la 3ª y la 4ª planta, entre la mente positiva del número 3 y la mente neutral del número 4: el número del amor incondicional, el número de la tolerancia, el número de la aceptación y también de la rendición, del fluir, lo que permite una mayor apertura hacia el poder de lo intuitivo. En el cuento de Ali baba y los cuarenta ladrones, está representado este número 4. El ladrón representa el número 2, el número de la mente negativa, el número de la añoranza del pertenecer. Este número ansía volver hacia la Unidad y no sabe como hacerlo, está ciego y por lo tanto quiere acaparar, coger, robar para sentirse pleno. Pero olvida que no puede disfrutar de lo adquirido porque al robarlo, no tiene más remedio que esconderlo. Solo un corazón puro (4) y atrevido (3), como el de Ali, un alma desenvuelta, buscando su identidad más profunda, puede acceder a los tesoros que encierran el retiro, la meditación o la reflexión, representados simbólicamente por la cueva. Ali baba fue un ladrón, es el mismo y también es y será para nunca jamás su propio tesoro.


Sylvie

 

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