EIVLYS: Aprendiz a intérprete de sueños

Inicios en el mundo de los sueños y las emociones.

Este blog recoge los inicios de una investigadora de sueños y sincronías... dando algunas posibles interpretaciones de sus propios sueños.

SE PREPARA UN TSUNAMI

Escrito por eivlys 27-06-2010 en General. Comentarios (0)

SE PREPARA UN TSUNAMI.

Sueño 20 de junio de 2010

 

Estoy en la playa, siento una playa del norte de España, me siento al revés, siento una sensación del revés, como si estuviese acostumbrada a ver el mar desde un ángulo, desde las playas de Málaga, como si sintiese el sur, a África, pero esta playa es distinta, siento que miro hacia el Norte. Me siento en Pamplona, aunque no hay playa en Pamplona, siento quizás las playas del País Vasco. Recuerdo las mismas sensaciones de otros sueños que tuve hace años en los que sentía Andorra y las playas del Norte, del País Vasco, Asturias, Galicia… sentía como el golfo de Vizcaya. Siento que hay similitud, hay algo, una conexión entre estos sueños. Ahora que rememoro el sueño, siento una tercera conexión con la bahía de Cádiz, como si hubiese un enlace entre el norte de España, el golfo de Vizcaya y la Bahía de Cádiz…

 

De pronto veo como se retira el mar, las olas en vez de venir a morir a la orilla, se retiran hacia dentro. Entiendo que son los preludios de un tsunami y que no hay tiempo que perder. Tenemos gracias a Dios, el aviso del mar, al retirarse, el me avisa que pronto vendrá con más fuerzas, por lo tanto los que están despiertos, saben, entienden de los signos de la naturaleza, los que están avispados, tenemos un poco de tiempo para huir y así lo hago. Me voy corriendo, con prisa pero sin miedo, sé que a mí no me va a pasar nada. Cuando estoy en el paseo, de pronto pienso en mis hijos y vuelvo hacia atrás. Me alegro al ver que ellos son espabilados, han entendido y hacen lo mismo que yo. Me enorgullezco porque veo que mis enseñanzas le han servido para algo. Han aprendido a contar sólo consigo mismos, no esperan a que nadie vengan a salvarlos, ellos se van a salvar por si mismos, por su propia sabiduría interna. Voy para la casa, que se encuentra en el casco antiguo de Pamplona, quizás sean estas calles por las que pasan los toros en los encierros de los San Fermines. Entro en la casa, que es vieja y desordenada, destartalada, hay montones de muebles antiguos, muebles típicos de los años sesenta, setenta… no es mi casa real, pero siento que en este sueño es mi casa, pienso recoger algunas cosas y escapar hacia las alturas, voy a esperar a mis hijos y nos iremos. Llegan ellos y dicen que no se van, dicen que el agua no llegará hasta aquí y que si llega, ellos subirán a la primera planta. Yo les digo que no es cierto, que tenemos una oportunidad de salir de aquí. Pero ellos están determinados en quedarse. Entra más gente, como si todos viviésemos en esta casa, quizás una especie de comunidad, algo raro en mí porque yo no compartiría espacio con desconocidos. Estoy pensando en qué hacer, irme, salvarme y dejar a mis hijos atrás o quedarme con ellos. Sé en el fondo de mi misma que aun si me quedo, yo saldré ilesa del tsunami, por lo tanto yo puedo quedarme a ayudar, pero sé que lo voy a pasar muy mal, estaré privada de víveres, de agua, de comodidad hasta que la situación vuelva a la normalidad, sé que habrá momentos en los que me desesperaré por las vicisitudes, por la impaciencia, por las dudas… no puedo dejar a mis hijos por muy cabezones que sean… no sería una buena madre, no quiero que sufran y sé que yo puedo ayudarles a superar las dificultades… decido quedarme en vez de salvarme. Estoy pensando en organizar la retirada, el encierro para hacerlo más cómodo mientras duren las penalidades… voy a organizar la casa, los muebles, estoy pensando en salvar los muebles de madera antiguos, vetustos del agua… veo las sillas de plástico de terrazas que no me preocupan, pienso en idear juegos para pasar el tiempo mientras no se pueda escapar de esta situación, ayudará a mitigar la impaciencia y desesperanza, ahora pienso que soy tonta, que primero debo pensar almacenar agua para beber, e ir de tiendas a comprar víveres para aguantar el encarcelamiento… deben haber sido arrasadas, porque todo el mundo habrá pensado en hacer lo mismo.

 

Interpretación:

 

Primero: solo pienso en mí, no le digo a nadie que se salve, solo quiero salvarme el pellejo, aunque en mi interior, no estoy muy angustiada porque sé que yo no voy a perecer en la catástrofe. Ni se me ocurre pensar en ayudar a otros. Es como si hubiese algo en mi, una enseñanza adquirida que me dice que cada uno debe luchar por si mismo y yo no puedo hacer nada contra de esto. Las cosas son así y punto. Siempre estamos solos antes el peligro y éste mismo peligro, las lecciones, la sabiduría que adquirimos con las experiencias negativas de la vida, son las que nos preparan para las futuras batallas. Yo he sido curtida, y sacado cierto grado de sabiduría que me hace merecedora saber que ahora soy capaz de escaparme de la catástrofe, mi sabiduría interna me dice que perecerá aquel que no ha hecho esfuerzos para aprender. Así son las cosas y ya está. Esto es justamente lo que intento inculcar a mis hijos, que deben aprender a estar alertos y valerse por si mismos, que nadie más que ellos mismos podrán rescatarlos. Ésta es la filosofía de vida que he aprendido estos últimos años, no podemos andar el camino por los demás, forzar los demás a seguirnos, aún si creemos o tenemos razón. No se aprende por experiencia ajena. Por lo tanto es la razón por la cual, no intervengo en prevenir a nadie. Lo he hecho toda mi vida y no sirvió de nada, ahora estoy extremadamente cansada de preocuparme por los demás, ni quiero mirar el sufrimiento de los demás a la cara porque sufro sin poder hacer nada.

No obstante, sigo preocupada y me siento avergonzada y culpable, por lo tanto en el paseo vuelvo para atrás y miro hacia mis hijos que veo se desenvuelven bien por si mismos. No miro a nadie más y sigo mi camino. Soy muy conciente ahora mismo al analizar el sueño que practico la política de la avestruz o de las anteojeras de los caballos, solo miro en la dirección que me interesa, no miro hacia los demás que pueden estar sufriendo porque no quiero sufrir.

 

Segundo: llego a la casa y espero la llegada de mis hijos para prepararnos y huir de la catástrofe. Pero ellos no piensan irse, no piensan que la catástrofe vaya a tener las dimensiones que yo sé. Confían ciegamente en la suerte de un destino clemente para con ellos. Yo sé que no es así, sé que va a ser muy duro. Dudo en tomar mis propias decisiones por lealtad, por apego, por sentimiento de culpa, de egoísmo hacia mis hijos. ¿Qué debería hacer una buena madre, quedarse al lado de unos hijos testaduras o salvarse y pasarlo mal en vano? Al ser ellos necios, y yo quedarme con ellos, lo único que puede ocurrir es que vaya a sufrir para nada: un sufrimiento inútil a mi juicio. A lo largo de estos últimos años he aprendido que no sirve de nada echar margaritas o perlas a los cerdos, aún si son seres queridos nuestros. El dolor o sufrimiento que nos hace crecer, es legítimo, termina siendo positivo, pero el dolor por el dolor, no sirve para nada. Mis hijos son almas venidas a través de mí, no me pertenecen ni yo a ellos, por lo tanto si deciden sufrir para nada, es elección suya propia, no debo yo sufrir si ya he superado el conflicto del sufrimiento gratuito. Pero me siento egoísta, me siento una mala madre si me voy y los dejo en este encierro elegido. Si me voy, me salvo y tendré que emprender una nueva vida a partir de cero, de la nada, dejo detrás de mí una casa vieja que no me gusta, con un desorden grandísimo, con un montón de trastos viejos, que no me sirven, no sé como he podido tener apego a todas estas cosas inútiles, feas y viejas. No siento ni recuerdo que esta casa era mía, me da hasta asco, como he podido vivir en esta casa, cuando a mí me gustan los espacios abiertos, coloreados, luminosos, aireados, nuevos…

 

Tercero: decido quedarme no por mis hijos, en realidad, sino por mí. Me doy cuenta ahora mismo al analizar el sueño que no quiero sufrir, quiero evitarme todo tipo de sufrimiento y si me voy, la preocupación que tengo por mis hijos será tan grande que no me dejará vivir, mi sentimiento de culpa por no haber querido hacer nada por ellos, me comerá viva y no me dejará vivir en paz. Por lo tanto este sufrimiento puede ser incluso más grande que el quedarme a su lado y padecer el dolor junto a ellos. Soy conciente que debo elegir entre dos sufrimientos y elijo el que me parece será más llevadero para mí y para ellos. En este punto del sueño, es cuando pienso que al menos puedo ser creativa, positiva, puedo hacer que el sufrimiento sea más llevadero, no tan atroz. Yo puedo ser una guía de pequeña fortaleza para mis hijos y para los demás tan testaduras como ellos. En este punto, dejo de pensar solo en mis hijos, sino también en los demás. Pero sigue habiendo dudas, rencor en mí por mi acto de resignación, de mártir, de sacrificio. Sé que esto no es bueno para mí interior, para mi cuerpo emocional, porque lo voy a vivir todo desde la negatividad, desde la ira: no quiero sacrificarme por ellos, no quiero sufrir por ellos, no lo hago desde la generosidad, desde el amor incondicional, lo hago desde el sentimiento de culpa junto con el sentimiento de amor condicional. No es que no quiera sufrir por ellos, es que no quiero sufrir, simplemente.

 

Reflexión:

 

Este sueño no me gusta, es un espejo que me enseña una cara de mi misma que no me favorece en absoluto: ¿Mi poca generosidad para mis hijos, para mis congéneres…? Soy todavía muy verde, decido quedarme pero no soy muy espabilada a la hora de buscar soluciones, esto me indica que en mis conflictos diarios, no busco adecuadas soluciones a los conflictos que surgen del día a día, especialmente con mis hijos. Me doy cuenta que al no ver pronto resultados positivos en la educación que les doy, o en mis esfuerzos diarios para encontrar un camino de liberación para mí, me desanimo y pienso que no sirve de nada lo que he hecho, quizás me haya equivocado… no esté cogiendo el camino correcto… dudo… y bajo los brazos, me deprimo y dejo de luchar. Gracias a Dios, me doy cuenta de mis errores, y dejo de buscar soluciones para salvar muebles antiguos y empiezo a ser más práctica: voy en busca de víveres, voy a almacenar agua potable en bidones…

 

Cuando despierto, pienso que debo reflexionar concienzudamente en este sueño que no me gusta y refleja mis actitudes inconscientes. ¿No hay acaso otra manera de afrontar la crisis sin que nadie sufra, sin que yo deba sacrificarme y quedarme al lado de los que sufren? En los días siguientes, me observo interactuando con uno de mis hijos y noto que en cuanto aparezcan los conflictos y veo que no reacciona como pienso que debería para su bienestar físico y psicológico, mi tendencia es dejar que tome sus propias decisiones aun si sé que esto le provocará dolor ulteriormente. Intento no alterarme, enfadándome, carcomiéndome por dentro, por la impotencia que me invade, cuando imagino los resultados negativos por los que deberá pasar y noto que empiezo a tener una actitud de pasotismo total. Pero esta actitud tampoco me deja tranquila y me invade ahora la culpa de no haber hecho lo que debía. Pienso en el sueño y quizás debiese explicar mejor las cosas, con más calma, ser más inventiva, más didáctica a la hora de enseñar, ser más paciente. Sospecho que la impotencia que me entra con la lentitud ajena, hace que deje de prestar servicios, ayuda tanto a mis hijos como a los demás y practico más la ley de: “Sálvese quien pueda”.

 

Meditación del 26 de junio de 2010.

 

He iniciado unos intentos de cortas prácticas diarias de meditación para aprender a estar en mi centro, vivir el aquí y el ahora, encontrar más paz pero sobre todo acercarme más a mi Yo Superior o Yo Interno que erróneamente buscamos todos hacia fuera en vez de hacia dentro. A la par intento vivir el aquí y el ahora en cada momento del día, como dijo un monje budista hace algunos meses en una entrevista de Luis Mariano en el canal Benalmádena: “Un monje budista medita en cada momento de su vida, cuando come está comiendo, cuando pasea está paseando, cuando habla está hablando… siempre está presente en si mismo, en cada actividad que realiza en el aquí y el ahora.” Estoy intentando estar presente en cada trabajo que realizo, intento hacerlo con amor en el momento presente y concentrarme en la suerte que tengo de poder hacerlo. Llevo demasiados años fuera de mí, fuera de mi centro, viviendo un poco como un zombi, adormilada, sin estar despierta de verdad… sospecho que en el aquí y el ahora, puedo volver a encontrar la alegría de vivir, de estar viva y no muerta o medio muerta. No quiero perder media vida pensando en lo que fue o vivir en la ilusión de lo que podría ser quizás si dejase de temer que no se vayan a realizar mis sueños más preciados. Pierdo un cantidad de energía tremenda al no vivir concientemente el momento presente, único momento que tenemos en realidad.

 

Practico la concentración en mi propia respiración, estoy ajetreada interiormente. Intento evitar recibir visiones y solo estar presente en el ir y venir de la respiración. Empiezo a serenarme y de pronto me veo, a mi pesar, delante del mar ajetreado, en la playa de mis sueños. Entiendo y siento que la tormenta que avecina en el mar, es mi tormenta interior. Todo el mundo se ha ido, ha escapado, yo aún tengo tiempo para hacerlo, pero ya no quiero hacerlo. Siento que el esfuerzo por serenarme a través de mi respiración apacigua la furia del mar. Me enfrento a él con amor, no le suplico que no nos dañe, no le echo la culpa de una posible catástrofe, sino que le pido disculpas por las energías negativas que he acostumbrado a verter en el Universo e influyeron las corrientes marinas y atmosféricas. Siento que el dolor del mar, de los océanos, es a la vez mi dolor por empatía pero también por culpa. Sé que soy en parte responsable de su desequilibrio, por lo tanto entiendo que puedo ser la causante de la restauración de su propia estabilidad: equilibrándome a mi misma. Entiendo pronto, que aquí yace la respuesta a mis plegarias de no sufrir en vano y ayudar a otros a escapar del sufrimiento. Recuerdo la filosofía del Ho’oponopono (ver apartado “preguntas”) que practico solo a veces porque soy muy olvidadiza y a la vez perezosa y poca constante, aunque cada día me comprometo en ser cada vez más constante, cada vez más despierta, cada vez más alegre, cada vez más generosa, cada vez más fuerte, cada vez más sabia…

 

http://www.amarseaunomismo.com/el-amor-cura-ho-oponopono/

 

Sylvie

 

 

 

TRISTEZA

Escrito por eivlys 05-06-2010 en General. Comentarios (0)

 

 

TRISTEZA

 

Eres una parte de mí pero

yo no te permito que nades

en la orilla de mis sentimientos

y emociones, tu luz es sombria,

 

Vas rompiendo corazones, con

tus amarguras, lo aniquilas todo,

con tu desaliento y aflicciones, vas

dejando monigotes a tu paso.

 

No te admito que me lleve por el

camino de tu melancolía

ni por esos rincones de nostalgia,

de donde nunca saldría nada bueno.

 

Coge el tren tristeza de la felicidad

afearte a ella para que lleguéis

a una unidad.

 

MARI CARMEN

ME SUBO A UN AVIÓN O UN BARCO

Escrito por eivlys 03-06-2010 en General. Comentarios (0)

SUEÑO DEL 1/6/2010

ME SUBO A UN AVIÓN/BARCO

 

Luz.

Me veo a bordo de un barco, aunque siento un avión. Es como si ya hubiese embarcado y estoy en la cubierta mirando hacia abajo. Pero al mismo tiempo siento que este sitio es la antesala de la puerta de embarque de un aeropuerto, esperando pronto para subirme. He llegado tarde pero a tiempo para este viaje. Soy de las últimas o la última. Veo que mi coche me va a acompañar. Adonde yo vaya, me voy a llevar mi querido coche, lo que me hace feliz y me da seguridad. Mi coche – es como si sintiese que fuese un fiel amigo, una persona, o una animal – debe esperar abajo.

 

Un hombre (se parece a un actor de una serie que no veo y se llama “Perdidos”) sube a bordo y le dan instrucciones o cree que le dan instrucciones para llevar mi coche al contenedor, donde le pertenece hacer el viaje. Pero hay prisas, ya no hay tiempo y no lo hace. No sé si debía hacerlo o se proponía hacerlo para ayudarme pero se da cuenta que quizás si se ocupa de subir mi coche al barco, el puede perder el viaje y entonces lo deja. Yo no esperaba que lo hiciese, pero si se proponía, yo encantada, ya que desconozco cuales son los trámites para llevar mi coche al contenedor. Al no hacerlo empiezo a entrar en pánico y decido hacerlo yo, bajo del barco o me voy de la puerta de embarque para encargarme de mi coche. Entro en él y lo conduzco hasta el sitio que me imagino le corresponde, paso por varias zonas del puerto, veo las grúas que se encargan de los contenedores y llego al aeropuerto con agobio, pensando que puedo perder el vuelo o el embarque. Me doy cuenta que hay muchos trámites que voy a tener que superar y no sé realmente hacia donde he de ir, además si ya estaba en el sitio adecuado, si paso por la puerta de entrada otra vez sin papel, sin billete, cómo les explico al personal que yo ya estaba en el barco. Menudo follón en el que me he metido. Realizo que me he precipitado.

 

Me despierto y pienso (o creo que me despierto y pienso y en realidad reflexiono en el sueño): puedo rebobinar las escenas hacia atrás y volver a empezar con mejor pie. Los sueños son tendencias premonitorias, por lo tanto, ya estoy avisada que si voy por el camino de intentar meter yo misma el coche en el barco, voy a meter la pata, por lo tanto puedo optar por cambiar de decisión, tengo la oportunidad de recapacitar. Me duermo otra vez.

 

 

Me veo en el punto de partida, en la cubierta del barco mirando hacia abajo viendo mi coche solito, esperando a embarcar, a que lo lleven a su guarida: un contenedor propio. Pienso: “¿Qué he de hacer ahora?”. Mis guías me repiten que confíe en qué me merezco lo mejor sin forzar nada, que todo viene en el momento adecuado, qué sólo hemos de trabajar tranquilamente en el sentido de nuestros deseos sin agobiarnos, sabiendo que todos nuestros sueños se harán realidad sin angustia, desde la paz y la tranquilidad. Cada reto se debe afrontar sin miedo, sin preocupación, ocupándonos de conseguir aquello que nos hará feliz, liberándonos de las cosas que no valen, no sirven. Quizás mi reto ahora mismo, sea solo éste, confiar en que estoy en el sitio adecuado, haciendo lo correcto: no tener miedo, no forzar nada, saber que soy merecedora de la abundancia. Espero con confianza a ver qué pasa. En seguida viene un hombre vestido de capitán o de Steward, un encargado del barco. Siento que este hombre tiene poder, siento que le gusta su trabajo y lo desarrolla con rectitud, con amor, con pasión, con mucha responsabilidad… Siento que no se habían olvidado en absoluto de mi coche, solamente no habían tenido tiempo de llevárselo. No se habían agobiado para nada, tenían la firme decisión de zarpar con él, incluso retrasarse si fuese necesario, aunque no lo fue. Lo tienen todo previsto.  Hay más coches esperando en el muelle, pero el mío es el único que van a subir porque es el último en haber llegado a tiempo: yo había llegado a tiempo para embarcar pero ellos no habían tenido tiempo de subirlo a bordo. Los demás coches pertenecen a la próxima tanda de gente que llegó demasiado tarde, por lo tanto deberán esperar la llegada de otro vuelo u otro viaje, así de sencillo. Hay sitio para todos, pero no hay sitio para todos ahora mismo. Cuando se vaya este barco o este avión, prepararán otro vuelo, otra ida. Pero para que los que están abajo esperando, no sientan celos o intenten pelear para pasar delante de mi coche, intentar convencer a las autoridades portuarias que mi coche no tiene derecho a subir o llegó más tarde que ellos, habían puesto un ticket o una pegatina en mi coche, como un “reservado”, que le otorgaba el derecho a subir ahora mismo. Ellos siempre lo hacen así, porque saben de los imprevistos, saben que no siempre consiguen el tiempo de hacer las cosas para la hora supuesta, pero para evitar malos menores con la gente que no entenderían, o hacerles sufrir emocionalmente para nada, idearon este sistema, para cuando no pueden terminar ciertas cosas y urgen otras más importantes, puedan volver más tarde y terminar la tarea prevista sin agobio.

 

Posibles interpretaciones:

 

El lunes me encontraba bastante deprimida, con el cuerpo pesado, aplomado y un sueño tremendo. Sé que son los efectos de los miedos, de mi incapacidad por superar de momento algunos problemas que tengo en mi vida. Pensé que lo que menos me convenía era deprimirme, llorar sobre mi misma y no hacer nada. Si hubiese tenido ira, podría haber aprovechado la energía de la ira para hacer cosas, pero cuando uno está deprimido, lo que le falta justamente es energía para moverse.

 

Pensé en el Curso de Milagros que me repite que lo que veo, lo que siento es fruto de una ilusión, por lo tanto debo aprender a dejar las ilusiones e ir hacia la realidad escondida detrás de esta ilusión. Me dije a mi misma: “Sylvie, crees estar cansada, sólo es una ilusión. Tienes mucha energía aunque no la veas, aunque no la sientas”. Antes me forzaba en hacer las cosas a pesar de mis limitaciones, y terminé enfermando del tiroides (hipertiroidismo). Ahora que me he recuperado sin tomar medicinas, no quiero volver a caer en la misma trampa. Pensé: “Una cosa es forzar los acontecimientos, las circunstancias, la realidad física de mi cuerpo, otra cosa es pensar que estoy mal, estar convencida inconscientemente que tengo limitaciones y no poder superarme”. Desde hace dos años y medio, estoy poquito a poco reconociendo mis errores, mis limitaciones e intentando ir paso a paso, con tranquilidad superando mis miedos, los retos de la vida con más realismo. Ya no pretendo enfrentarme al rugido de un león, cuando no soy capaz de encarar el aullido de un griffon. Pero también he descubierto que muchas veces he engrosado un miedo, un reto, y empequeñecido una cualidad o una capacidad mía. He comprobado miles de veces que cuando estoy mal y me esfuerzo en superarme, al día siguiente estoy peor, otras veces cuando he cogido energía y la he aprovechado para pasarme y hacer un montón de cosas, al poco tiempo me duele la cabeza, me resfrío, tengo un esguince o un desgarro muscular… Mis sueños me enseñaron a reconocer al Aquiles que había en mí cuando yo pretendía ser Hércules.

 

No obstante el lunes pensé: No pretendo subir al Everest, pero he de admitir que probablemente mi ego, por miedo, está intentando hacerme creer que estoy cansada, que no tengo energía para nada. Así que empecé a decretar: “Yo Soy un Ser de fuego Violeta, Yo Soy la energía, la fortaleza, el bienestar, el equilibrio que Dios desea”. Y sin energía, dejé de pensar en mi cuerpo cansado, anulé la ilusión del cansancio y empecé a hacer la limpieza a fondo de mi cocina. Se me quitó la depre, se me quitó el cansancio y cuando más tarde una amiga me llamó porque necesitaba charlar un rato conmigo, tenía tanto trabajo adelantado, que no me importó atenderla. Lo que probablemente no podía haber hecho, si no me hubiese repuesto. Aquella noche me acosté rendida y me desperté a las 6 h 30 con el sueño que os he contado.

 

En numerología tántrica el 6 representa: “El ver las cosas tales como son, y no tales como quisiéramos verlas”. El 3 representa: “El buscar las soluciones, el lado positivo de las cosas”.

 

Pensé que mi sueño me indicaba que al fin embarcaba en una nueva aventura con mi coche a cuestas: el coche es como uno se mueve por el mundo.

 

No obstante algo me hizo reflexionar el martes por la tarde. Una de mis preocupaciones más grandes es mi incapacidad de trabajar y ganar dinero haciendo lo que más me gusta, lo que mi alma ansía, con el agobio de tener que pagar la mitad de la carrera universitaria de mi hija fuera de la ciudad. El domingo preparé una carta de presentación para trabajar en una empresa que no contestó al envío de mi currículo hace tiempo. Me dejé llevar por un sueño que tuve poco antes de saber que no me iban a coger. En el sueño llegaba y veía que ya habían cogido toda su plantilla y yo no pertenecía a ella. Quise indagar más sobre el porqué de ni siquiera haberse dignado en llamarme, con las cualidades que yo tenía. Fuera del sueño, me adentré en él por la tarde y empecé a visualizar la respuesta. Me encontré con la encargada del personal y le pedí una explicación: me hizo entender que ellos no están dispuestos a contratar a gente, que no tienen la valentía de ir a por todas, a por sus sueños. Ellos sólo quieren gente con agallas, con fortaleza, con liderazgo… quieren el personal mejor, y no piensan contentarse con menos.

 

Cuando por fin supe que no me habían cogido, me deprimí solo una tarde y pensé que si se cerraba una puerta, quizás era porque inconcientemente se estaba abriendo otra. Pensé en realidad: “no quiero ser ni secretaria con idiomas, ni recepcionista, ni intérprete, lo que yo quiero ser en realidad es terapeuta emocional y transpersonal”.

 

Decidí el domingo volver a mandar mi currículo pero esta vez ofreciéndome como terapeuta y ya no como intérprete. Pensé: “Ya no tengo nada que perder, voy a echar todas mis cartas en la mesa”. Empecé mi presentación con ira pero antes de mandarla, pedí consejo a mis guías a través del tarot del Inconciente y el I Ching, y las repuestas no fueron alentadoras, así que decidí dejar mi proyecto para madurarlo. El martes, después de seguir limpiando mi cocina a fondo, me senté en el escritorio y volví a coger la carta. Pensé: “Sylvie, si mandas ira y negatividad, solo vas a recibir ira y negatividad”. Cambié mi táctica, ya no les reproché el no haberme llamado, lo pasé por alto y me concentré en dar lo mejor de mi misma y demostrar que perderían un tesoro si no me contratasen. Ésta vez no dudé en mandarla. Fue solamente después cuando me acordé del sueño que había tenido a las 6 y media de la mañana. Se refiere probablemente a mi cambio de actitud en querer cambiar mi energía y mis circunstancias.